Historia

Te has preguntado... ¿De dónde provienen los probióticos?

Un probiótico es un microorganismo vivo, desde la creación del universo, y durante la evolución se ha estado rodeado de estos, en el agua, aire, tierra y hasta en los climas más cálidos y fríos del planeta y es que ellos llegaron antes que los humanos.

Sin embargo, la primera vez que se estudió el origen de estos fue hace un siglo con un científico ruso llamado Elie Metchnikoff (profesor del Instituto Pasteur de París), desarrolló una dieta con leche fermentada con la bacteria que denominó “Bulgarian Bacillus” (mejor conocidos como búlgaros).

En 1917, antes de que se descubriera la penicilina, el profesor alemán Alfred Nissle aisló una cepa no dañina a partir de heces de un soldado de la Primera Guerra Mundial (cepa Nissle 1917 de Escherichia coli).

Por otro lado, el primero en aislar una bífidobacteria fue Henry Tissier (del Instituto Pasteur), quien la obtuvo de un lactante alimentado con leche materna, y le dio el nombre de bacteria Bacillus bifidus communis.

El término “probióticos” fue introducido por primera vez en 1965 por Lilly y Stillwell; y fue hasta 1989, Roy Fuller quien destacó el hecho que, para considerarse probiótico, “el microorganismo en cuestión debía estar presente en estado viable, e introdujo la idea de su efecto beneficioso sobre el huésped”.

¿Qué son los probióticos, prebióticos y simbióticos?

Prebióticos

Son sustancias de la dieta que nutren a grupos seleccionados de microorganismos que habitan en el intestino. Favorecen el crecimiento de bacterias beneficiosas por sobre las nocivas.

Probióticos

Son alimentos o suplementos que contienen microorganismos vivos, que mantienen o mejoran la microbiota o bacterias buenas del organismo

Simbiótico

Productos que contienen tanto probióticos como prebióticos.

Preguntas frecuentes

El tiempo que tardan en aparecer los efectos beneficiosos de un probiótico depende básicamente de la cepa que se consume y de la indicación para la que se toma. Con algunas cepas los efectos beneficiosos aparecen a los pocos días, en el caso de nuestros probióticos nuestra concetración es m ayor por ende su efecto es más eficiente.
El probiótico ejerce sus efectos beneficiosos para la indicación en la que ha demostrado su eficacia mientras se está tomando. Cuando deja de tomarse el probiótico, la microbiota intestinal volverá a los pocos días o semanas al estado inicial que tenía antes de empezar con el probiótico.
Hasta los 4 años de edad, aproximadamente, la flora intestinal de un niño no está del todo formada. Esto los hace vulnerables a infecciones, alergias respiratorias, dérmicas o alimenticias, entre otros desajustes del sistema de defensa, endocrino o del SNC. Cuando tratamos con antibióticos, antiinflamatorios o corticoides a un bebé o lactante es recomendable darle probióticos pues estos fármacos dañan parte de su flora, que se está formando, y les expone a una bajada de defensas, diarreas, cólicos, malestar en general o infecciones de hongos.
La microflora vaginal nos protege de agresiones externas al crear una película ácida protectora en nuestra mucosa. El estrés, las hormonas y el uso de medicamentos como el antibiótico hacen que esta flora bacteriana muera en parte, exponiendo la zona vaginal a agresiones e infecciones como la candidiasis vaginal. Para evitar estas complicaciones es recomendable hacer una buena prevención con probióticos específicos para la mujer vía oral. Nuestros probióticos alivian las molestias ocasionadas como la irritación y la inflamación.
No hay ningún problema para hacerlo. Al contrario, resulta conveniente pues producen beneficios a largo plazo. De hecho, las primeras referencias sobre los probióticos relacionan el aumento de longevidad con la ingesta diaria de bacterias lácticas beneficiosas.
Las principales indicaciones de los probióticos en bebés y niños incluyen principalmente el tratamiento de los problemas gastrointestinales, como la diarrea infecciosa, la infección por Helicobacter pylori, los procesos inflamatorios crónicos como la colitis ulcerosa y los trastornos gastrointestinales funcionales crónicos como el estreñimiento o el cólico en bebés con lactancia materna. También se ha estudiado el efecto beneficioso de los probióticos en las alteraciones del sistema inmunitario, como por ejemplo la prevención del eczema, la prevención de las infecciones gastrointestinales y respiratorias y las infecciones del recién nacido prematuro.

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